4 de enero de 2007

Acto fallido…



Cuando ese yo -que lucha por ser un buen árbitro entre el deseo y la moral- baja la guardia por tan sólo un instante… plaf… lo que a gritos dicen los gestos cobra vida en palabras… y plaf de nuevo… en uno y en el otro, porque no existe fallido si no hay juez que lo detecte.

Se devela una intención y no hay excusa que la excuse. Quedamos desnudos y nos avergüenza, más allá de que el acto sea condenatorio o liberador, porque la forma de expresarlo no es la que hubiésemos elegido. Y a veces ni siquiera eso. A veces ni siquiera sabemos que eso que dijimos es parte nuestra. Entonces sorprende y nos sorprende, no sé si el pensamiento o la forma de escaparse.

En algún punto, hasta podemos llegar a creer que evitar ese fallido es continuar en el paraíso, cuando esa verdad oculta puede hacer de nuestra vida un verdadero infierno, con sonrisas de dientes apretados, miradas esquivas y cotidianeidad de libreto. Un verdadero paraíso lleno de manzanas atragantadas que nos pudre la lengua y nos deja sin aliento. Porque cualquier palabra nos puede mandar al matadero.

5 comentarios:

  1. Si no me equivoco es un provervio árabe el que dice "El hombre es amo y señor de las palabras que calla y esclavo de las que pronuncia".

    Chau.

    Pd.: en caso de que lo quieras tengo el libro que te mencioné en formato digital.

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  2. Anónimo9:25 p.m.

    Q lindo seria si podríamos detectar nuestros fallidos y hacernos cargo de ellos… es verdad…pueden dejarte al desnudo…pero soy de las q creen q las caretas enferman tanto al resto como a uno mismo… Noe

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  3. ¿Por qué será que todo esto me suena tan conocido?
    Será mejor que me calle...

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  4. No hay deseo sin prohibición, no hay castigo sin juez... en fin, al diablo la ley.

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