6 de enero de 2007

Nuevamente, bendito sea el blog entre todos los escritos…

Apareció en mi blog un comentario que ingenuamente me obligó a conocer a su autor (o, como él mismo aclaró, lo que yo interpreto de él ya que al darse a leer, él es lo que yo quiero que sea).

Para ser honesta, lo primero que quise fue borrarlo, pero sabía que no iba a poder borrar la sensación de bronca que me generó. Es que sé que soy una ingenua, pero no me lo digan, así mi ingenuidad sigue valiendo.

Comparto aquí lo que -de este autor- aparecía en mí a medida que iba leyendo las verdades o mentiras que -según él- hablan más bien de la fragilidad y fluctuación de su movimiento emocional e intelectual.

Me encantó tu septiembre. No por el mes ni por los textos, ya que ellos en ese momento son mera casualidad. En otro momento hubieran logrado otra cosa. Pero en tu septiembre encuentro reflejos de mi propia cosmovisión. O quizás de mi actual cosmovisión, ya que -en trayectoria de blog- mi diciembre es tu septiembre.

Octubre nació como muriendo por azarosa elección, y explicando la no vida de algunas cosas que son pedidas, cuando en realidad es preferible robar algunas otras para cambiar un poco la vida.

(… no sé por qué imagino que habitúas el San Martín combinando con la línea B o tal vez la D y que son tantas las estupideces que tenés que escribir para que llegue ese sueldo a fin de mes que la única forma de sobrevivir es volcar todo el resto en tus escritos sin eslogan ni marca de cierre. Parafraseándote, sé que estos pensamientos son tan solo un atajo minado de omisiones para representarte de una manera simple, perezosa… cosa de la cual reniegas…)

(… me gustaría que no vuelvas a reducirme a simple ingenuidad, a no ser que quieras sentirte indignado. Aunque también es probable que sepas que como no puedo reventarte a tiros, apelo a echar mano a la retórica, hasta donde puedo…)

Noviembre aparece como derretido por el calor del deseo… derretido hasta la confusión… y hasta el hartazgo… cayendo en sus trampas en nombre de la presunta responsabilidad de que los perros sigan moviendo sus colas… pero, finalmente, viendo que ni así vale la pena…

Diciembre vuelve a amanecer con el pensamiento de la muerte física, y el físico matando al pensamiento y a la belleza… y también a la eternidad, que pierde el sentido cuando se la analiza como palabra, pero también se lo encuentra en cada una de ellas.

Y enero sigue sintiendo, como continuidad de diciembre, pero un toque más ensimismado, al menos por el momento.

(… y es después de todo esto, que me atrevo a imaginar tu comentario más como parte de tu enero que de mi ingenuidad… quizás para no hacerme del todo cargo de ella...)

2 comentarios:

  1. Antes que nada, gracias. Te tomaste el trabajo de leerme, cosa que yo no puedo hacer con mis textos.
    Lamento que la idea de ingenuidad haya minado el espíritu de mi comentario. No era mi intención reducirte a ingenua. Jamás podría reducirte, pues realmente me indigna la simplificación. Mi comentario, en parte, quería cuestionar a la literatura y a los autores partiendo del eje en que giraba tu texto. Pero hay algo más.
    Desarrollo.
    Mis comentarios muchas veces no son bienvenidos, y pido disculpas sin este caso tampoco lo es. Sucede que la más de las veces tomo una posición inquisitiva. Y lo hago para que ustedes me enseñen. Me explico: generalmente cuestiono con el fin de horadar en la mente y el espíritu de las personas. Trato de escarbar para ver si realmente hablan ellas o si es el cuerpo social que por intermedio de ellas habla. Si es esto último la persona pierde interés para mí. Ahora, si esa persona reacciona y toma la posta del desafío, me quedo. Porque es probable que se ponga a pensar y a sentir más en profundidad. Y eso es lo que yo quiero. De esa manera se muestra su individualidad, su Ser. Tu caso lo testimonia. Tu bronca inicial, tu indignación, se trasmutaron en un ¨regalo¨ -como lo has dicho-, y en una búsqueda de sentido más plena, y por qué no en una mirada sobre tu ingenuidad (sobre esto no opino porque queda claro que la ingenuidad es un valor que no querés perder u observar).
    Yo molesto. Y molesto para que me molesten. Repito, para que me enseñen todo lo que hay por pensar y sentir. Por supuesto que no soy un psicópata o un obsesivo. Basta decirme no para que deje de hacerlo.
    Tu lectura sobre mí me encantó. Mi ego, complacido. A mi vanidad la reté, pero ahí se me anduvo mostrando igual.
    Gracias de nuevo Alejandra.
    Un beso.

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  2. ¡Cuánta complicación, che!

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