5 de enero de 2007

Bendito sea el blog entre todos los escritos

Tres y cuarto de la madrugada. Me caigo de sueño. Pero si no me decidía a venir hasta la máquina, mi cabeza nunca iba a parar y este texto seguramente iba a comenzar con un “cinco y media de la mañana”…

A ver… por donde empiezo… bueno, el tema es así: hace unas semanas que empiezo a leer diferentes libros, ya sea porque me los prestan, porque de alguna manera llegaron a mi biblioteca o los bajo de la red. Bueno, como sea, la cosa es que nada, pero absolutamente nada me venía bien. Por algún motivo sentía todo vacío… algunos contaban historias que realmente no llegaban a interesarme, otros tenían fastidiosas introducciones y peores finales como único método para que el autor metiera de forma caprichosa algunas de sus verdades en boca de sus personajes. Y yo sólo me interesaba por esas verdades… todo un libro empantanando 20 líneas deliciosas. ¡Qué injusticia! Si no fuera porque no tenía nada mejor que hacer, nunca hubiera llegado a conocerlas.

Y fue justamente después de que mi hastío no toleró más de una cuarta parte de un libro que me decidí a echarle un vistazo a mis títulos preferidos… una colección de Bukowski, “Lolita” de Nabokov y “Café Berlín” (lo presté, no recuerdo ahora el nombre del autor)… y es ahí donde descubro que un estante tiene escondido el libro “Desesperación”, también de Nabokov. No puedo encontrar en mi memoria el momento en que se instaló ahí y tampoco la respuesta al por qué no lo había leído antes… en fin… me tiré en la cama, encendí el velador y devoré el primer capítulo, en el cual pude encontrar ese “no sé qué” que tanto me atrapa. Transcribo un fragmento:

“(…) Mi madre, una rusa pura, descendía de una antigua estirpe principesca.

En los días calurosos del verano se reclinaba en su mecedora, una dama lánguida envuelta en sedas aliladas, apantallándose, masticando chocolate, con todas las persianas bajas, y el viento que soplaba desde algún campo recién segado hacía ondular las sedas como velas purpúreas.

(…)

Una leve digresión: ese fragmento sobre mi madre fue una mentira deliberada. En realidad, era una mujer de pueblo, sencilla, rústica, vestida sórdidamente con una especie de blusa que colgaba suelta en la cintura. Por supuesto que pude haberlo tachado, pero lo dejé allí deliberadamente, como muestra de uno de mis rasgos esenciales: mi mentir inspirado y airoso.”

Y ahí está la clave, amigos blogueros. El relato sólo me interesa si quien relata se deja ver. Si puedo de alguna manera entrever cómo es para el autor escribir eso que escribe. Cómo es para esa persona “ser” esa persona. Me gusta leer al que -cruda y frontalmente- se permite “ser” en su propia obra. Quizás es por esto que me fascinan ustedes, mis amigos blogueros. Porque cada post no necesita llenar un libro para decir lo que se quiere decir. La cosa simplemente nace y se comparte. No es esquivo ni tiene demasiadas correcciones… puro realismo... con un toque de poesía…

2 comentarios:

  1. Creo, y espero no lo tomes a mal, que hay algo de ingenuidad en esto. La exégesis de un texto, depende del lector. Lo que se entrevé, o no, no es necesariamente lo que el esctritor ha pretendido. Y muchas veces, lo que parece fresco y casual no es más que una apariencia. Escribir, la más de las veces, sino todas, es un acto de innsinseridad. Una ficcionalización que peca de veracidad.

    Incluso tal vez vos me estés creyendo estás letras verídicas, esta toma de posición propia sobre un tema ajeno (tuyo). Tal vez creas que pienso así.
    Y podría ser, como no. Y lejos está de ser lo que digo un desprendimiento de cierta mitomanía, pues no se trata de vulgar verdad o mentira, sino más bien de la fragilidad y fluctuación de nuestro movimiento emocional e intelectual.

    Chau, che.

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  2. A veces, en un post pasa justo lo contrario. Sale sólo el sentimiento, la sensación (en algunos casos la poesía) y falta contexto.
    Lo escrito queda ahí para todo el mundo pero, ¿cuánta gente tiene la información necesaria para entenderlo?

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