30 de diciembre de 2006

A un día de que se termine lo que después sigue…

Ayer, mientras caminaba por las calles del caluroso microcentro porteño, observaba como miles -o millones- de papelitos caían desde las oficinas. El sol se reflejaba en el improvisado manto blanco y ponía el ambiente aún más caluroso, sobre todo para los encargados de limpieza que veían su trabajo más que quintuplicado. Si no fuese por el calor y la fecha, parecía que Argentina acababa de ganar una semifinal de fútbol. Porque el clima no era de total alegría, era algo así como el festejo por lo que vendrá, la sensación de creer que se viene algo emocionante, distinto.

Debo admitir que a veces me cuesta bastante creer en la festividad colectiva. Quizás porque sepa que a pesar de la fecha hay mucha gente enferma y muchos que los cuidan. Otros faltarán en algunas mesas y la fiesta se convierte en el primer año sin ese que se fue de la vida. Unos cuantos esperan que las fiestas pasen para accionar esas decisiones que postergaron para pasar unas fingidas buenas fiestas. Otros están con algunos cuando en realidad quieren estar con otros. Otros están con otros porque no pueden estar con algunos.

Sé que también está la contrapartida de todo esto. No creo necesario enumerarlas porque las festividades colectivas están justamente diseñadas para ellos. Es como que las fiestas son la gran oportunidad de ser parte de un espectacular comercial publicitario, con la mesa divinamente preparada, las personas unidas levantando sus copas, los fuegos artificiales en el cielo, las sonrisas unánimes que salen -sin libreto- al menos por unos instantes. Al brindar se pide deseos que generalmente luego se olvidan, pero eso no importa, porque el cuento ya terminó ahí, en esa instantánea de “vivieron felices y comieron perdices”.

Y todo esto pasa, año tras año, década tras década, a pesar de ya haber vivido la experiencia del día siguiente, y el siguiente y todos los otros que le siguen hasta completar los 365 días que hacen que todo vuelva a empezar.

3 comentarios:

  1. Pues creo que los tengo todos: faltará gente en la mesa, esperaré que pasen las fiestas para accionar decisiones, fingiré unas felices fiestas y estaré con unos cuando querría estar con otros. Por lo menos, no cuidaré enfermos (o no más de lo normal).
    A mí tampoco me acaban de gustar estas fiestas...

    ResponderEliminar
  2. Anónimo11:46 p.m.

    para mi ,es simplemente un ritual , me gusta estar en casa y agradezco lo vivido y me da curiosidad lo que vendrá ,la gente que conoceré y lo que pueda aprender.Hasta que el poder superior lo disponga.Salud año nuevo.
    cristina.

    ResponderEliminar
  3. Anónimo3:30 p.m.

    Es loco, pero a mí me ocurre q al comenzar diciembre mi ánimo cambia sin pensarlo, me invade la nostalgia, me siento más vulnerable...debe ser por q cada año lo tomo como una oportunidad nueva...una chance más q me regala el de arriba para seguir aprendiendo...y conozco, encuentro muchas cosas y personas nuevas q me encantaría guardar para todos los años restantes...y creo q x eso viene la nostalgia por q no todo es eterno y seguro. Pero también sé q eso es parte de mi aprendizaje, por q no estarán todos, pero lo q si sé es q cada uno dejó algo muy importante q no lo borrará ni el tiempo ni el espacio; entonces cuando el reloj marque las doce brindaré por eso, por los q conocí, por lo q aprendí (bueno o malo), y por lo q vendrá… brindaré y daré gracias…porque seguir vivo es un regalo y tengo otra oportunidad para encontrarme a mí misma… Noe…

    ResponderEliminar