2 de agosto de 2009

Castración Social

Este poema lo escribí a principios de 2007. A veces los humanos vivimos situaciones que nos abren un nuevo foco, una nueva forma de ver el mundo, de leerlo y si esa nueva lectura de mundo se atreve a no dar por sentado aquello que está establecido como válido socialmente, la cuestión se vuelve compleja de entender con las herramientas de la cotidianeidad.

¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que tenemos entrenadas habilidades intelectuales y sociales que nos permiten encastrarnos en el mundo en el cual vivimos. El lenguaje en sí mismo es una de las herramientas más potentes. Por ejemplo, acabo de decir “encastrar” y todos entendemos que se refiere a “encajar”, a que algo entre dentro de otra cosa, a que los bordes se amalgamen. Los chicos juegan todo el tiempo con encastres. Sin embargo, podemos ver qué hay detrás de esta palabra, aunque no esté tan detrás de ella. Encastrar tiene dentro de sí el concepto de castramiento. No me voy a meter con Freud, no es necesario. Vayamos a algo más cotidiano. ¿Qué se hace cuando se castra a una mascota? Se le quita la posibilidad de reproducción de su propio ser, se le quita parte de su naturaleza para que se amolde a cierto requerimiento social que permite un mejor control de distintas variables. Por ejemplo, supongamos que yo tengo una gata -que es un animal particularmente interesante porque tiende a “salirse de la casa, a recorrer un mundo fuera de ella”- y quiero mantener mi actual estilo de vida, entonces la castro, porque una innumerable cantidad de gatitos me traerá problemas económicos, de espacio, de higiene, etc. Entonces yo la castro a ella para mantener mi forma de vida y claro que podré encontrar algunos justificativos que disfracen un poco mi egoísmo. Pero eso ya ni siquiera es necesario. Ya está naturalizado que es bueno desnaturalizar mediante la castración. Y nadie negará que yo tengo más poder que la gata, que yo soy su “dueña” porque todos decimos “mi” gata, esta es “su” gata, etc.

Pero volvamos al tema con esta densidad que acabo de formular acerca de la castración. Decía al principio que tenemos entrenadas habilidades intelectuales y sociales que nos permiten encastrarnos en el mundo en el cual vivimos. Si ahora podemos sospecharnos como seres castrados, dado que estamos encastrados en el mundo, la pregunta sería quién es el castrador. Esto es bastante complejo porque la castración social también es algo que está bastante naturalizado, es algo que se fue amasando en la historia de la humanidad. Si leemos la historia de la humanidad, lamentablemente en general vamos a encontrar este juego de polaridades castrador/ castrado. Paulo Freire, pedagogo brasileño que falleció en 1997, presentó esta polaridad como opresores/oprimidos. Freire tiene muchísima bibliografía publicada, se pueden encontrar videos en youtube, recomiendo que lo busquen, que se acerquen a su obra, sobre todo los docentes.

Hay un concepto muy particular que es bien interesante en este tema, que es el de retroalimentación, este ida y vuelta que se va auto-amalgamando. Por un lado, el opresor, en su afán de mantener su estilo de vida, su poder, es decir lo que se llama el statu quo, naturaliza en tal medida esta opresión que, paradójicamente, se encuentra oprimido en ella. Por otro lado, el oprimido, ve en el opresor un poder natural y hasta lo admira. Es decir, dejar de ser oprimido es lograr ser como el opresor.

Esto es algo conceptualmente enredado pero lo vemos todos los días. Por ejemplo, supongamos una fábrica con 20 empleados que se quejan del trato de su empleador, del capitalista, del que tiene los medios de producción con los que no cuentan los empleados y por eso no les queda otra que ser empleados; supongamos que ascienden a uno de ellos al rango de jefe. Él, que era empleado, ahora es jefe de sus compañeros. La relación cambiará, pero no cambiará sólo operativamente a los fines de la empresa. Cambiará porque él siente que ya no es “tan” empleado, él tiene poder sobre los otros y el modelo de ejercer el poder es el que pudo observar en quien lo tiene, es decir, en el capitalista. Éste es uno de los grandes temas que presenta Freire: el oprimido tiene al opresor dentro de sí, es su modelo a alcanzar; alcanzar el status del opresor es sinónimo de éxito. Pero hay más. El oprimido, al tener introyectado al opresor, lo obedece aunque él no esté presente. El opresor está tatuado en el cuerpo, en los gestos, en el pensamiento.

Y acá entran dos dispositivos clave para lograrlo. Un dispositivo, como su palabra lo indica, es algo que se crea para “disponer”, es decir, “poner en función de”. Por ejemplo el dispositivo escolar. Uno ya considera naturalizado que exista la escuela. Pero no siempre hubo escuela. La escuela es un invento de la modernidad. La escuela fue un dispositivo clave para pasar del modo de producción feudal al modo de producción capitalista y, además, la escuela muestra sus primeros brotes en medio de una pugna religiosa entre católicos y protestantes. Pero acá se abre una arista impresionante que podríamos abordar en otra oportunidad.

Retomando, decía que el opresor está tatuado en el cuerpo, en los gestos, en el pensamiento. La escuela tiene acá un rol importante tanto en forma como en contenido.
El formato de la escuela moderna (que Comenio diseñó en su Didáctica Magna publicada en 1679), su estructura de horarios, obediencia a la autoridad, evaluaciones, etc., genera lo que Foucault (filósofo francés, murió en 1984) llama una microfísica del poder. Esto es: se internaliza en el cuerpo y en la personalidad de los niños un fuerte disciplinamiento. El niño aprende qué está bien y qué está mal, cuestión que legitima unos actos en detrimento de otros y esto es otro tema para problematizar.
Con respecto a los contenidos, también el disciplinamiento es fuerte porque los contenidos escolares son aquellos que están legitimados por el poder dominante. ¿Y dónde se construye el conocimiento legítimo? En la comunidad científica. Este es otro gran tema que ahora no vamos a profundizar, pero sí voy a dejar instaladas unas preguntas: ¿por qué los saberes científicos ocupan en el diseño curricular más espacio que los populares/regionales? Y un poco más: ¿por qué existe una diferencia jerárquica entre saber científico y saber popular? Y un poco más aún, ¿por qué el saber científico es el saber occidental? Como verán esto abre un gran debate que se da en la historia. Nietzsche (filósofo alemán que murió en 1900) es un pensador que patea este tablero hegemónico con una ironía increíble. Lo recomiendo a los jóvenes, busquen a Nietzsche y a su Zaratustra.

Entonces vemos que en la escuela se da esta castración con el fin de que los niños, en su etapa de desarrollo -y aquí vale preguntarse, ¿qué entendemos por desarrollo? ¿los adultos no nos desarrollamos más?- adquieran las habilidades para insertarse en la sociedad. Podríamos preguntarnos ¿qué pasa que, sobre todo en las grandes ciudades, tenemos tantos adolescentes inadaptados, violentos, etc. como se suele mostrar en los medios masivos de comunicación? No voy a abordar este tema, pero reformulo una clave que me pasó una profesora de pedagogía muy amiga, Liliana Leslabay: ¿será que ellos no se adaptan o que la promesa social de la modernidad fracasó, es decir, que no hay prosperidad para todos como aseguraban, y entonces los adolescentes muestran el síntoma?

Y acá entra la última cuestión que quería compartir. Había dicho que habían dos dispositivos para tatuar al opresor en el cuerpo, en los gestos, en el pensamiento. Y este segundo dispositivo está conformado por la massmedia, por los medios de comunicación. Deleuze, filósofo francés que murió en 1995, retoma el concepto foucaultiano de Sociedades Disciplinarias -que se refiere a lo que veníamos hablando sobre la escuela, es decir, la escuela como disciplinadora- y le da una vuelta al concepto llamándolo Sociedades de Control, que se refiere más bien al auto-control, es decir a un control que se introyecta y que, por lo tanto, auto-controla el hacer humano.

Desde esta noción podemos pensar a los medios de comunicación. Los medios de comunicación toman la realidad, la interpretan y la comunican mediante una versión verosímil. ¿Por qué digo verosímil? Porque en cuestiones sociales (y también en otras tantas pero no entraremos en eso hoy) hay tantas verdades como puntos de vista. Algo verosímil es algo que parece verdadero, que podría ser verdadero, pero que no significa que sea verdadero. Hay un sitio web que visito regularmente porque muestra las tapas de los principales diarios de Buenos Aires y hace una lectura comparativa. Allí podemos encontrar distintas verdades sobre un mismo hecho de forma rápida. El sitio, por si lo quieren visitar, es muy recomendable, es www.diariosobrediarios.com.ar.

Pero, volviendo al tema de castrador/castrado u opresor/oprimido, vimos al principio el ejemplo de la gata a la que yo puedo castrar porque ejerzo un poder sobre ella. Yo me adueño de ella y la castro si eso me permite mantener mi estilo de vida. Entonces, vemos que quien puede ejercer el poder es quien castra, quien recorta la realidad, la interpreta por nosotros, nos la cuenta, nos la creemos. Si sólo pueden contar su versión aquellos que tienen el poder de comunicarla, en este caso mediante los medios de comunicación, entonces podríamos pensar cuál es la realidad que están interpretando por nosotros. Es decir, si sólo puedo tener acceso a un relato de la realidad entonces no puedo interpretar, la gata no puede decidir si la castración le conviene o no le conviene (humanizando a la gata, claro). Para interpretar es necesario el contrapunto, es necesario acceder a distintas lecturas de la realidad: la que yo vivo (que también leemos de acuerdo a una situación particular) y las versiones de la realidad que no vivo pero me cuentan.

Esto lo podemos ver claramente con el tema de la nueva Ley de Medios Audiovisuales que se propone para suplantar a la vieja Ley de Radiodifusión de la dictadura. Este es un tema clave para todos nosotros porque tenemos derecho a la diversidad de la información para tener más oportunidad de formular nuestra interpretación. Los medios hegemónicos, es decir los dueños de la interpretación y del relato de la realidad, están silenciando este tema, lo están invisibilizando cuando, si no hubiesen segundas intenciones (o primeras, seamos honestos), deberían comunicarlo porque justamente son medios de comunicación. Que los medios poderosos de comunicación no informen sobre este tema muestra que existe una clara y evidente necesidad de castrar la realidad y tatuar esa realidad castrada en nuestros cuerpos, en nuestros gestos, en nuestros pensamientos. A esta altura considero que no es necesario aclarar los intereses económicos que sostienen todo esto.

Concluyendo, podemos ver qué difícil es, como seres socialmente castrados que somos, abrir el foco para ampliar la lectura de mundo. Esta actitud crítica ante la realidad muchas veces depende de la vivencia de alguna situación especial en nuestras vidas, caso contrario sería mera imposición de otra hegemónica interpretación de la realidad. Quizá la clave pueda estar en no dar por sentado que las cosas son de la única manera en que pueden ser. Probablemente los docentes, cada uno en su aula, en ese lugar de diálogo, puedan propiciar la ocasión de pensar la realidad junto a los estudiantes; y, por otro lado, los consumidores de la massmedia, es decir, absolutamente todos nosotros, a pesar de estar ya castrados, podamos encontrar la fuerza para erguir nuestros cuerpos y sacar una fuerza que sea capaz de tirar al tirano pero, esta vez, para desahorcarlo de su propio látigo.